Estallido social Chileno, actores, antagonismos, rupturas y continuidades de la reforma que no fue

Introducción:

El presente trabajo pretende analizar los antagonismos que dieron paso a través de la revuelta chilena de 2019 al Proceso Constituyente, cómo se configuró la Convención Constitucional, es decir cuál fue la composición de clase y cómo se configuró la posición de clase y el voto en el plebiscito que terminó rechazando la reforma constitucional.

Para comenzar es necesario destacar que el proceso Constituyente Chileno surge de la movilización de un sujeto histórico concreto, que genera una crisis específica.  La cual sólo puede encontrar una resolución en la adaptación de la institucionalidad que dé cabida a las demandas que tal existencia social exige.

Desde el retorno a la democracia Chile ha sido interpretado por historiadores, políticos y sociólogos como el matrimonio perfecto entre neoliberalismo y democracia, profesando progreso económico y estabilidad política. El neoliberalismo Chileno se ha destacado por producir una transformación radical en la estructura social y en las tendencias que marcan el patrón de conflicto, en relación con el siglo XX, esto es producto del enraizamiento y la continuidad ininterrumpida iniciada bajo la dictadura Pinochetista y los gobiernos civiles posteriores.

El patrón de crecimiento económico chileno emerge sustentado en la reprimarización, desindustrialización y tercerización de la economía con foco en la promoción activa de las exportaciones, la actividad financiera y los servicios, sumándole un régimen de prescindencia estatal en la regulación de las relaciones laborales que niega a los trabajadores el acceso a los procesos de construcción del estado. 

Un cúmulo de decisiones políticas como la utilización de los vouchers para la educación o para el sistema de salud aumentan y concentran la economía en pocas manos y origina una aguda desigualdad que, impulsada por el estado efectúa una acumulación capitalista privada de forma desregulada y rentista.

Por eso en octubre del 2019 se produjo un reventón social que encontró su combustible en el reclamo generalizado contra la extrema mercantilización de las condiciones de vida que se condensó en un grito por dignidad que desbordó al sistema político y que abrió un nuevo rumbo. A pesar que a priori parece que las contradicciones sociales y políticas tienen su origen en una cuestión meramente económica, el hecho es que la fuerte asimetría en la reproducción social tiene un efecto socio genéticamente relevante de alteración de la estructura social y se crean nuevos grupos y clases sociales que experimentan conflictos que no son asimilables a la primera etapa del chile post pinochet.

La transformación de la estructura social en que anida la conflictividad que se manifiesta en la revuelta chilena del 2019 expresa la pérdida de peso específico de las viejas bases sociales de sustentación de los proyectos políticos del siglo XX chileno especialmente en los casos de la clase media desarrollista y de la clase Obrera industrial.

Desarrollo:

En Chile lo que predomina es una condición laboral marcada por una muy alta rotación y magras condiciones de organización, donde se combinan jornadas parciales trabajo a destajo o por tarea, con una condición forzada de independiente en tanto trabajadores por cuenta propia en modalidades que diluyen las antiguas formas de identidad por el oficio y acarrean bajos grados de Constitución de clase entre los nuevos profesionales y los nuevos grupos de trabajadores que producen la expansión de la empresa privada.

 Bajo una alta concentración económica y desigualdad corre un doble proceso de homogeneización económica y heterogeneización cultural ambos grupos disímiles entre sí se encuentran en las mismas cadenas de producción y experimentan una similar cercanía con el proceso de modernización bajo la contradicción de incorporarse a ella en condiciones de gran inestabilidad e incertidumbre económica. No hay entonces un reemplazo consolidado de las desestructuradas identidades sociales y culturales del siglo XX, en este paisaje social chileno el patrón de desigualdad imperante transversaliza el vértigo de la incertidumbre material y vuelve homogénea la situación económica de amplias franjas sociales, incluso si hay entre ellas diferencias de ingresos significativas tras la revuelta social del 2019, se ha producido un cambio se ha pasado de la tesis de una expansión de la pauperización considerando las distancias económicas y social que separa los sectores acomodados. 

Entonces ¿el estallido Social es el estallido de una clase media frustrada por no poder seguir ascendiendo socialmente en contraste con los años 90 en los que la clase media emergente percibía la recompensa de sus esfuerzos? para dar respuesta a esta pregunta podemos mencionar como ejemplo el caso de los universitarios chilenos que llegan a pagar montos similares al costo de una vivienda por sus carreras, esto lo hacen generalmente tomando créditos con la banca privada cuya rentabilidad asegura el aval que el estado les otorga, esta dinámica facilita la concentración e integración vertical del sistema, o los jubilados convertidos en pobres aunque en la edad laboral activa no lo eran.

El conflicto social entonces viene dado y replanteado no por grupos urbanos excluidos de la dinámica del capitalismo local sino de uno de los altamente integrados pero cuya posición no les asegura nada.

Otro actor importante en esta revuelta, que es imperioso destacar son los grupos feministas, las lucha contra el patriarcado encabeza las demandas incluidas aquellas contra la violencia estructural por la soberanía sobre el cuerpo y los derechos sexuales y reproductivos, contra la discriminación de las disidencias sexuales se le suman también en el plano de demandas territoriales y culturales históricas las de los pueblos indígenas por su reconocimiento cultural y autonomía política.

Lo trascendente de la conflictividad social, y el antagonismo vivido en Chile en el periodo analizado es su duración, las manifestaciones, las protestas y la amplitud de las demandas se prolongan en el tiempo. Al no tener respuesta política acorde a los reclamos se sucede una escalada de violencia sin precedentes en la sociedad Chilena contemporánea, y el gobierno de Piñera intenta usarlo para su beneficio para separar, licuar y disolver la protesta apuntando contra los violentos y solicitando la condena social de los mismos.

Las fuerzas policiales, como carabineros y los militares, agravan el conflicto social y actúan como catalizador del conflicto.

Luego de varios días signados por saqueos, destrozos y ataques a cuarteles militares, el Presidente Piñera se ve obligado a anunciar que se producirían tres acuerdos: “por la paz y contra la violencia”; “por la justicia” y “por una nueva constitución”.

A partir del 19 de octubre de 2019 podemos hablar entonces de la irrupción de un nuevo pueblo un sujeto histórico compuesto por la diversidad social y cultural que produce la onda y longeva experiencia neoliberal; hablo de pueblo, no de clase, pueblo con procesos de formación de clases aún en curso bajo los cambios de la estructura social y una conflictiva conformación que hoy, aún hoy en su condición subalterna se contrapone a una oligarquía neoliberal surgida de la comunidad de intereses de la élite sociales y políticas chilenas de la última década.

Cuando hablo de oligarquía chilena lo hago en el sentido del gobierno de pocos con la concentración de poder y la riqueza bajo el neoliberalismo ortodoxo, por eso está revuelta surgida en el 2019 es una contraposición entre pueblo y oligarquía propio de la especificidad de la expansión capitalista de carácter neoliberal como origen de este nuevo pueblo sustentado en la transformación neoliberal y el carácter de la confrontación que lo define. 

Es posible decir que no hay un pueblo como sujeto, como sujeto histórico sin la contraposición a una élite en una configuración social y política que remite a los cambios neoliberales a los cursos de neo oligarquización que abriga a las nuevas modalidades de explotación y dominio que se abren, por eso este conflicto apunta a una redistribución del poder, incluso de la propiedad en las formas es que se producen los procesos de apropiación neoliberales con fase específica de expansión capitalista, donde bajo nuevas modalidades crece la desigualdad, se funcionan los poderes políticos y económicos y las élites neo oligárquicas se separan del resto de la sociedad.

Hay una clara asimetría social, económica y cultural, sí, pero no bastan por sí mismas para generar que el pueblo las confronte, hace un falta el proceso que gatille su constitución histórica como un pueblo en lucha. Los pueblos se construyen en su propio accionar abriéndose paso ante las crisis de dominación en las que despuntan cambios en su fisonomía subalterna y adoptan una forma histórica concreta de la sociedad, de la conciencia social, por eso esta revuelta acelera la formación de identidades que ya estallaban de forma separada dentro de la estructura social forjada por la transformación neoliberal y lo hace a partir de la crisis, de la crisis política, de la crisis social, que acarrea el paupérrimo estatuto que el neoliberalismo otorga a la política y a la vida pública en general y que busca reducir en la forma de una libertad que reubica en el individuo y su racionalidad en torno al mercado.

Esto se da así porque desde los albores del siglo XXI crecen las tensiones entre la nueva geografía social ya que aún está en formación y porque la institucionalidad política vigente es nueva, la propia coexistencia de demandas por derechos sociales y por autonomía individual en apariencia contraria por sus anclajes respectivos en viejos idearios contrapuestos ilustra un cambio que exige la actualización política de los propios idearios emancipatorios.

 Este pueblo, siguiendo a Gramsci aparece como una relación entre el ejercicio del poder y los esfuerzos de resistencia por desestabilizar dicho poder y alterar su naturaleza; enfrenta la restrictiva democracia de la transición y abre un proceso Constituyente y el ascenso de nuevas fuerzas políticas abren camino a un nuevo ciclo histórico  el pueblo 

El plebiscito de entrada del 25 de octubre del 2020 dirigido a consultar sobre la voluntad de cambio y definir el tipo de órgano Constituyente da como ganadores a las opciones apruebo y convención constitucional, lo que lleva el proceso a una segunda elección, esta vez destinada a elegir a los 155 convencionales encargados de escribir la nueva Carta Magna.

Los comicios realizados en mayo del 2021 sorprendieron por un hecho inesperado ya que la derecha, si bien obtiene la mayor cantidad de escaños, 37 de 155, no logra alcanzar un tercio de los representantes de la convención constitucional y queda incapacitada de ejercer su poder de veto en ella.

A esta derrota se le suma la de los partidos que articulan el eje de la concertación, si viene el partido socialista logra 15 escaños el partido por la democracia y la democracia cristiana obtienen solo 3 y 2, eligiendo, además, gran parte de sus convencionales en condición de independientes triunfan en elección por su parte el frente amplio y sus aliados comunistas 28 escaños y dos listas de independientes que logran una alta votación; la lista del pueblo e independientes no neutrales que obtienen 26 y 11 escaños respectivamente mientras la primera captura 1 voto antipartidos y anti elitario mediante la articulación de asambleas y coordinadoras surgidas durante la revuelta social en distintas regiones del país la segunda con un perfil más moderado y técnico entre sus cuadros articula la mezcla de personalidades públicas con activistas vinculados sobre todo a organizaciones no gubernamentales.

Como es de esperarse la composición de esta nueva Convención Constituyente, fortalecida al fragor del conflicto social, abre la posibilidad de resolver por vía constitucional los antagonismos del pueblo politizado; representado en la paridad de género, en la representación indigena, y la participación de los independientes.

Hablar de poder constituyente es hablar de democracia. Porque la posibilidad de una nueva Constitución no es más ni menos que producto de la presión social, incluso a costo de vidas humanas.

La expectativa que ha generado la Convención Constituyente, al estar compuesta y conducida por nuevas personalidades e interés sociales pujantes, indiscutiblemente ha sido una puesta a prueba de la subalternidad. Este poder Constituyente surgido al calor de la formación del nuevo sujeto popular, de ese pueblo erigido como contrapoder. Los grupos subalternos no se definen mecánicamente a partir de las estructuras económicas, sino que, en el marco de estas, recorren etapas de mayor o menor unidad, al calor de las confrontaciones mismas y bajo la presión dominante por evitar su unidad. 

Ahora cabe preguntarnos ¿Por qué a la hora de votar el plebiscito para reformar la constitución Pinochetista ganó el no? El voto volvió a ser obligatorio y el interés en el plebiscito hizo que se sumará al electorado un número de votantes nunca visto, alcanzando una participación de cerca de 85% del padrón, lo que equivale a 13 millones de personas.

Siguiendo los análisis de diferentes portales de internet se apunta a que la masiva participación se produjo gracias al ingreso de votantes de sectores populares, menos politizados, que probablemente no se identificaron con el eje izquierda-derecha.

Según algunas encuestas el Rechazo se asociaba al combate del narcotráfico y el crecimiento económico, mientras que el Apruebo se vinculaba con la redistribución de la riqueza a través de derechos sociales, atributos típicamente asociados a la derecha y la izquierda, respectivamente. Esto implica que la Constitución actual estaría a la derecha del votante medio, mientras que la propuesta constitucional fallida estaría a su izquierda. Esto explicaría la fortaleza de las opciones de rechazar para renovar y aprobar para reformar y permitiría asegurar que el plebiscito se ganó en el centro del espectro político. Así las cosas, el principal déficit del proceso constituyente habría sido la falta de acuerdos en algunos temas claves, como el sistema político, con la derecha de la Convención.

Por otro lado, las disputas electorales se dan en varios ejes simultáneos. Es perfectamente posible que un mismo votante tenga posiciones más a la izquierda en un eje (por ejemplo, sobre los derechos sociales) y más a la derecha en otro (por ejemplo, sobre la plurinacionalidad). En este sentido, es posible que lo que reflejan los apoyos a posiciones intermedias es que en algunas temáticas las personas están a la izquierda y en otras a la derecha de cada texto. Pero, sumando y restando, el texto propuesto estaría lejos de las preferencias mayoritarias.

La sumatoria de demandas particulares ante los pesares que aquejan al país no era lo mismo que un proyecto de país. Así, es particularmente notorio que, pese a que la propuesta constitucional buscaba terminar con la privatización del agua y garantizar fuertemente el cuidado medioambiental, el rechazo ganó en comunas icónicas de la movilización contra las zonas de sacrificio medioambiental, como Petorca o Quintero-Puchuncaví. O bien, obtuvo resultados especialmente negativos en las comunas con más población indígena, pese a los numerosos elementos de la Constitución que buscaban reconocerla.

Desde otra perspectiva los hechos que ocurrieron en el plazo de dos años le permitieron a la derecha disputar la rebeldía y, más aún, la indignación, que hasta ese momento había sido hegemonizada por la izquierda; desde esta óptica, lo que refleja la fortaleza de las posiciones no polares aprobar para reformar y rechazar para reformar es que muchos ciudadanos tienen identidades sociales complejas que no se cartografía nítidamente en la actual disputa política. Por eso siguiendo a  Giddens la clase social ya no es simplemente determinada por la posición ocupacional o la pertenencia a un grupo económico, sino que también se entrelaza con otros factores como la educación, la cultura y el estilo de vida. Por lo tanto, es importante tener en cuenta no solo la posición ocupacional o el nivel de ingresos de las personas, sino también otros aspectos de su identidad y experiencia social al analizar la relación entre posición de clase y voto en el plebiscito por una nueva constitución en Chile. Es muy importante tener en cuenta que la relación entre posición de clase y voto en el plebiscito por una nueva constitución en Chile es compleja y no lineal.

 Las personas pueden tener múltiples identidades y pertenecer a diferentes grupos sociales que influyen en sus actitudes y preferencias políticas. Además, otros factores, como la educación, la generación, la ubicación geográfica y la afiliación política, también pudieron influir en el voto de las personas en el plebiscito.

Desde esta perspectiva el principal déficit del proceso constituyente fue la incapacidad de incorporar estas identidades tradicionales al proceso simbólico de generación de la nueva Carta Magna. En particular, habría faltado encontrar una manera de plantear la plurinacionalidad en el marco de un sentido patriótico inclusivo. 

Reflexiones Finales

Lejos de pretender concluir el trabajo se abren nuevos interrogantes y nuevos desafíos a los que estamos predispuestos a atender en el nuevo proceso constituyente que se está gestando en la hermana nación Chilena. Tras el rechazo de lo que hubieses sido la nueva constitución chilena, el 12 de septiembre de 2022 se instaló una mesa negociadora en el Congreso Nacional con la representación de todas las fuerzas políticas, en la cual algunos partidos se restaron antes o durante el proceso de conversaciones como el caso del Partido Republicano y el Partido de la Gente. 

La discusión giró principalmente en torno a la composición del posible nuevo organismo Constituyente.​ Mientras la oposición se inclinaba por un órgano total o parcialmente designado por el Congreso, el oficialismo sostenía la tesis de un organismo similar al recientemente disuelto. 

Los partidos que se rehusaron a participar de la mesa generaron una instancia paralela de corta duración, en la cual se propuso, entre otras cosas, un nuevo plebiscito de entrada para consultar si la ciudadanía deseaba una nueva Constitución.

Finalmente el 12 de diciembre, tras tres meses de negociaciones, se arribó a un documento que establece tanto las bases de contenido como el trabajo de tres órganos distintos para la redacción del nuevo texto constitucional. Este documento fue presentado esa misma noche como Acuerdo por Chile, a través de los presidentes de la Cámara de Diputadas y Diputados y el Senado. Dentro de los detalles anunciados estaban la definición de los equilibrios entre los dos organismos. El presidente del Senado anunció que el anteproyecto redactado por los expertos serviría de «insumo» para la discusión del Consejo Constitucional electo.

Así las cosas el proceso se realizará mediante tres organismos creados especialmente para la ocasión: la Comisión Experta, que desarrollará un anteproyecto de texto constitucional; el Consejo Constitucional que aprobará y podrá modificar dicho texto; y el Comité Técnico de Admisibilidad que actuará como árbitro cuando existan requerimientos sobre propuestas de normas que podrían infringir normativas.

Referencias

  • ALZINA, Pilar (2016): “Identidades y trayectorias laborales” en Jiménez Los Jóvenes en movimiento en el mundo Globalizado.
  • BHP, IPSOS y Espacio Público: «¿Cómo vemos el proceso constituyente? Miradas a un proceso histórico. VI entrega», 7/2022, disponible en https://espaciopublico.cl/
  • Giddens, Anthony (1979). Replanteamiento de la teoría de las clases en La estructura de clases en las sociedades avanzadas, Alianza, Madrid,  pp. 92-134.
  • Gramsci, Antonio (1981). Análisis de las situaciones: relaciones de fuerza. En escritos políticos (1917-1933) México D.F.: Siglo XXI Editores.
  • Laclau, Ernesto (2005), La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica
  • PNUD (2019). Diez años de auditoría a la democracia. Antes del estallido, Santiago: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
  • Przeworski, Adam (1978). El proceso de formación de clase. Revista Mexicana de Sociología.
  • Ruiz Encina, Carlos (2022). El poder constituyente de la revuelta chilena. Buenos Aires: CLACSO.
  • TOURAINE, Alain (1994), “De las clases a los movimientos” en Crítica de la modernidad, México, Fondo de Cultura Económica, pp 231-250.
  • ŽIŽEK, S. (2004): “¿Lucha de clases o posmodernismo? Sí, por favor” pp. 95-140, Laclau, E.: “Respuesta a Zizek”, pp. 197-208, “La deconstrucción de las clases” 296-306,  Butler, Judith: “Laclau: clase, hegemonía y el universal contaminado”, pp. 316-321 en  Butler, J., Laclau, E. y Žižek, S. (2004), Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, Buenos Aires, Ed. FCE.