Estado, sociedad y políticas públicas en la Argentina contemporánea

El Estado como determinante del poder político

Para analizar y comparar “el modo en que históricamente el Estado determina la organización del  poder político”, utilizaré los textos de Hirsch, Migdal y Vilas.

Iniciaré el recorrido utilizando el texto de Carlos Vilas en el cual, tanto como en los otros dos textos seleccionados, queda claro que el Estado Moderno se inicia con el surgimiento de la sociedad burguesa capitalista, las decisiones de poder y las acciones emprendidas por el Estado son el resultado de la acción colectiva, de los conflictos y conciliaciones que se generan en el transcurso del tiempo y generan un efecto de “dominación” condicionando y orientando los comportamientos sociales. La dominación es el ejercicio del poder inscrito en una estructura permanente, basado en la capacidad o aptitud de adoptar decisiones y disponer de medios para ejecutarlas.

Tanto Vilas como Mann utilizan el concepto de poder infraestructural haciendo referencia a la eficacia del Estado para penetrar la sociedad e influir sobre ella. Es un poder “Con” la sociedad, ya que es la eficacia de coordinación de la vida social a través de las instituciones estatales, este poder infraestructural viene dado por la utilidad social en cualquier tiempo y lugar, de la centralización territorial que no pueden ser suministradas por la sociedad civil, entonces delegan en el Estado tal capacidad. Como producto de la utilidad de la centralización territorial incrementada para la vida social en general, es que podemos hablar de: “el poder autónomo del Estado

Aunque en los textos seleccionados de Hirsch y Migdal no se utiliza el término “infraestructural” veremos que de todas formas remiten a la capacidad de actuar  e influir en la sociedad, en tanto que para ellos el Estado es una relación social, y veremos también la importancia de la autonomía y la autoridad más allá del poder coercitivo y el miedo a la represión.

Los medios para obtener obediencia son tres: 1) el poder económico, basado en la distribución y apropiación de los recursos que permiten la subsistencia; 2) el poder ideológico, asentado en la idea de persuasión, en la capacidad de influenciar los comportamientos humanos, y 3) el poder político, el cual consiste en la armonización de los intereses de los diferentes actores sociales, este poder político siempre está orientado hacia determinados modos de organización y conducción del conjunto social.

Es el Estado quien produce identidades, es decir nombra a la población constituyéndola en sujeto de derechos, haciéndola portadora de responsabilidades y obligaciones. 

Hirsch en “Qué significa el Estado”, nos propone que la estructura que denominamos Estado surgió recién con la sociedad burguesa capitalista, ya que es en este tipo de sociedad donde se da de modo peculiar la socialización capitalista, es decir la separación y a la vez la vinculación que se produce de forma simultánea entre la política y la economía. 

Como el Estado es una relación social entre individuos, grupos y clases, el Estado es la compactación de la relación de las fuerzas sociales, en las sociedades capitalistas las dos formas básicas en las que se objetiviza la interrelación social son, el “valor” es decir el dinero; y la “forma política”, esto es el Estado separado de la sociedad.

El Estado en las sociedades capitalistas no representa solo el aparato coercitivo, sino que como se ubica por encima de la competencia y las luchas sociales, se expresan en él la comunidad política de la sociedad de forma cosificada y objetivada. 

Para Hirsch es posible hablar de Estado como forma de dominación cuando se forma una aparato de poder autónomo y centralizado, separado de la sociedad y la economía, en donde se diferencia como esferas funcionales de la sociedad la economía y la política. Es importante remarcar junto a Hirsch que la economía no antecede a la política ni histórica ni teóricamente hablando.  El Estado tiene que intervenir en el accionar del mercado, es por esto que en última instancia el autor plantea que tiende a suprimirlo. 

Según el texto de Migdal, autor heterodoxo, pone el énfasis en lo simbólico, es el Estado quien define el sentido común, el reconocimiento de las vivencias de los ciudadanos.  El autor señala que a diferencia de las estructuras políticas premodernas, el Estado ha buscado imponer una conformidad máxima y  uniforme sobre la vida social dentro de lo que son sus fronteras. Si bien el autor desarrolla diferentes perspectivas para el estudio del Estado, ya sea haciendo foco en  la cultura, en las estructuras, en las instituciones, en las relaciones entre el Estado y la sociedad o la elección racional; vale decir que la mirada ante todo está puesta en la autonomía de su estructura, es decir que el Estado es una entidad que puede ser aislada en el análisis. 

Lo que para Migadal hace moderno al Estado moderno, no solo radica en las demandas de éste sobre los individuos sino también el efecto de sus prácticas para ratificar el derecho sobre la conciencia colectiva, es decir la identidad como Nación que genera el Estado.

Las relaciones Estado-Sociedad

Mientras Michael Mann, define al Estado de una manera dual, por lo que el Estado parece institucionalmente y por lo que hace, es decir sus funciones. 

Sigue la propuesta de Weber en cuanto a los elementos principales que posee el estado, es decir un “conjunto diferenciado de instituciones”, una “centralización política irradiada del centro hacia superficie”, un “territorio demarcado” y un “monopolio coactivo de la autoridad” apoyado en la violencia física.  Con lo cual la definición del Estado se centra en la institucionalidad, y la funcionalidad viene dada por la dominación coactiva.

Mann se pregunta sobre la naturaleza del poder de los Estados y qué significa ese poder Estatal, entonces establece dos dimensiones: el poder despótico de la élite estatal, es decir las acciones que pueden llevar adelante las élites sin mediar negociación con los diferentes actores de la sociedad civil y el poder infraestructural, es decir la capacidad del Estado de penetrar en la sociedad civil y ejecutar las decisiones políticas a lo largo y ancho del país.

Distingue 4 tipos ideales de Estado en los que se dan los dos tipos de poder  planteados por él: el Estado feudal, donde el poder despótico y el infraestructural  es bajo; el Estado imperial, donde el poder despótico es alto pero el infraestructural es bajo; el Estado burocrático, en el que el poder despótico es bajo y el infraestructural alto y el Estado Autoritario en el que ambos poderes se presentan de forma alta.

El análisis se centra en las democracias capitalistas y nos dice que:  “Los Estados en las democracias capitalistas son en un sentido débiles y en otro fuertes. Son «despóticamente débiles» pero «infraestructuralmente fuertes». (Mann, 2006: 8)

Esto quiere decir que los poderes despóticos de la élite estatal están disminuyendo mientras que el poder infraestructural avanza a pasos agigantados penetrando en nuestra vida cotidiana , puesto que el Estado puede desde gravar los salarios, almacenar y obtener información de forma inmediata sobre todos los ciudadanos. 

Ahora bien, ¿quién controla el poder del Estado? la respuesta sin preámbulos es la sociedad civil, ya sea por medio de los electores, como así también la ley. 

Mann establece cuatro “tecnologías logísticas” para la penetración efectiva del Estado

  • División del trabajo
  • Alfabetización
  • Pesos y medidas, Monedas
  • La velocidad de comunicación de mensajes/ transporte de personas y cosas

 El poder del Estado no deriva de técnicas o medios de poder peculiares. Las variadas técnicas de poder son de tres tipos principales: militares, económicas e ideológicas. Si bien estos medios también son utilizados en todas las relaciones sociales, el Estado los utiliza de manera combinada y en un sentido diferente, tanto socioespacial como organizativo ya que solamente el Estado está intrínsecamente centralizado sobre un territorio delimitado sobre el que tiene poder autoritario.

Por su parte Kohli analiza la manera en que el poder estatal se organiza y como su utilización influye decisivamente en la industrialización de los países periféricos o en desarrollo, el autor  identifica tres tipos ideales de patrones históricos, los estados neo patrimonialistas; los capitalistas cohesivos (también llamados desarrollistas) y los estados fragmentados multiclase. 

Siguiendo al autor los primeros han tenido resultados desastrosos en cuanto al desarrollo debido a su forma de establecer la relaciones entre el Estado y la sociedad ya que sus objetivos han sido socavados por intereses personales o de grupos particulares; en tanto los otros dos tipos ideales presentan en mayor o menor medida una burocracia competente y esto ha permitido forjar vínculos con los grupos económicos de la sociedad y diseñado instrumentos políticos eficaces. Para Kohli sin embargo los estados fragmentados multiclases son los verdaderos estados modernos ya que para él cuentan con autoridad de mando y están inmersos dentro de una arena pública bien establecida lo que lleva a que los líderes asuman las responsabilidades ante malas políticas públicas. 

Es entonces importante analizar contextualizadamente cuál es el impacto que una misma política pública puede tener, ya que aplicada a diferentes escenarios, ya que puede variar sus resultados. 

Asimismo es es la clave para entender la efectividad relativa de la intervención estatal en la economía, identificar las variaciones en las que los Estados se organizan y las relaciones institucionalizadas del Estado con el sector privado.

Para Kohli las instituciones son patrones sociales que sólo se gelifican con el tiempo y una vez gelificadas, perduran más allá de las fuerzas que las hicieron surgir

El poder puede ser más o menos legítimo y puede ser utilizado de manera positiva como incentivo, como castigo o amenaza de tal, lo que es claro que es el grado de poder para definir  y perseguir sus metas.

Como dice Kohli el poder es un recurso social pudiendo disminuir o crecer dependiendo de las capacidades organizacionales de sus instituciones, es decir del grado de burocratización pública y del modo en que estas tejen las relaciones con las clases sociales, especialmente con las clases productoras intervinientes en sus países. De esto se desprende el rol fundamental del Estado para diagnosticar y poder actuar en los diferentes problemas y en la asignación de recursos para poder efectivizar el progreso tecnológico y lograr así el progreso económico de forma sostenida, mitigando la pobreza y equilibrando la distribución equilibrada en la sociedad

En tanto para Evans el Estado es un elemento activo en la interacción Estado/Estructura social y debe considerarse a dicha estructura como el productor de la acción estatal. Evans clasifica los Estado en dos tipos ideales: el predatorio, y el estado desarrollista y los que él denomina casos intermedios

La principal característica de la capacidad del Estado no está simplemente vinculada a la pericia y la perspicacia de los tecnócratas que lo integran sino en en la estructura institucional que debe ser perdurable y eficaz, para ello el autor acuña el término de “Autonomía enraizada”. El enraizamiento conforma la solución ante la falta de capacidad estatal, y es indispensable dado que las políticas públicas deben responder a los problemas de los actores privados , de quienes se depende para su implementación.

La globalización capitalista como factor ordenador

Para analizar de qué forma el desarrollo reciente de la globalización capitalista afecta la organización, competencia y eficacia del Estado, utilizaré la bibliografía propuesta centrándome en los textos de Sassen, Arceo, Vilas y Jessop.

Para comenzar es necesario definir el estado siguiendo a Vilas como la institucionalización de las relaciones de poder entre fuerzas sociales y la articulación con el sistema internacional de relaciones políticas, comerciales y financieras; definire a la soberanía como la autoridad en la que reside el poder político correspondiente a un estado independiente, en la actualidad, y luego de las atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial y de redactarse la Carta de Naciones Unidas y sancionarse el 10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la soberanía es la voluntad del pueblo imbricada en el Estado Nación. Por último diremos que la autonomía es la capacidad de los estados para definir objetivos y fijar metas, así como también la habilidad de seleccionar, emplear y movilizar recursos manteniendo bajo control las restricciones bajo las cuales operan las políticas públicas, incluyendo el comportamiento de otros actores.

Siguiendo a Sassen la soberanía de los estados modernos se constituyó en territorios mutuamente excluyentes y en la concentración de la soberanía en las Naciones. Hoy en día, gracias al desarrollo de la globalización, las fuerzas más influyentes de la economía global poseen la capacidad de desarticular la forma específica de intersección de soberanía y territorio. Sin embargo esto no significa necesariamente que la soberanía y la territorialidad sean menos importantes en el mundo globalizado. Lo que sucede es que existen al menos 3 nuevos componentes que deben ser considerados: La territorialidad de la economía global; los nuevos ordenamientos jurídicos y la virtualización de las actividades económicas. Si analizamos cada uno de ellos tenemos que, la territorialidad y la soberanía tienen dos implicaciones, por un lado está la dispersión geográfica de las factorías, las oficinas y delegaciones y por el otro, la concentración y centralización de funciones centrales en países muy desarrollados; con los nuevos ordenamientos jurídicos se presenta una forma de desregulación nacional y una extra territorialización, lo que conlleva a una merma en la importancia del Estado. Por último, la virtualización de la economía requiere nuevos mecanismos de control vinculados a la digitalización y a los mercados electrónicos de gran magnitud. 

Estos componentes que conforman la nueva geografía del poder, sumados a los cambios globales, ponen de manifiesto la dualidad que se genera en la relación entre la economía global y los Estados Nación, donde parecería que los primeros ganan lo que pierden los segundos.  En esta nueva fase de la globalización capitalista se produce un fenómeno de transnacionalización en la que se conforma una red integrada de filiales y de empresas contratistas, a diferencia de la fase anterior donde las multinacionales estaban gestionadas a cargo de directivos locales, quienes seguían los designios de la casa matriz y a ella remitían las utilidades. 

Siguiendo a Arceo el funcionamiento de las transnacionales deriva en el libre comercio, ahora bien nos preguntamos ¿cuán libre es ese comercio? ya que si se deja actuar libremente al mercado, los países industrializados y más desarrollados fijan la senda que deben recorrer el resto de los países en vías de desarrollo, dejando limitadas las ventajas comparativas naturales a la espera de que el incremento de la desocupación y el descenso de los salarios los torne también, en plataformas de exportación, si esto no es impedido por el deterioro de la infraestructura y la degradación de las condiciones políticas y sociales. 

Esta degradación se produce no solo por la amplia brecha tecnológica sino también por la ofensiva del capital contra el trabajo, la ausencia de una burocracia nacionalista consistente capaz de controlar el aparato financiero e industrial. 

No obstante esto, ni el capitalismo, ni la relación capital – trabajo  pueden reproducirse a través de las relaciones de mercado; son necesarios modos complementarios de reproducción, regulación y gobernanza.

Parafraseando a Vilas la globalización la debemos entender como un fenómeno influenciado políticamente más que tecnológicamente. Primero, porque la apertura de los mercados de capital ocurrieron como resultado directo de los gobiernos que respondieron a presiones de intereses nacionales frente a crisis internacionales, y segundo porque un número de estados busca directamente promover y estimular más que constreñir la internacionalización de la actividad empresarial en el comercio, la inversión y la producción. 

Por ello es posible sostener junto a Sassen que lo que se producen son nuevas relaciones, y ello no significa que la soberanía y la gobernabilidad se vean reducidas; sí siguen siendo características fundamentales del sistema internacional ya que sin ellas sería inviable la organización internacional, lo que ocurre es que sus límites se han visto desplazado hacia otros ámbitos institucionales fuera del Estado y más allá del territorio nacional. 

El desarrollo creciente de la globalización afectará por consiguiente en mayor o menor medida la organización, competencias y eficacia de los Estados dependiendo de de la fuerza política cada uno de ellos, es decir del poder infraestructural que le permita penetrar en la sociedad incidiendo en su configuración efectiva.

Las capacidades estatales movilizadas

En su artículo Completa explica las diferencias que hay entre las capacidades estatales que se requieren en una  gestión burocrática estatal y las requeridas en un modelo gerencial  del New public management más vinculado a la gobernanza y a la accountability, a raíz de las reformas de primera y segunda generación propuestas para que el Estado sea eficiente y eficaz. 

Para el autor el buen desempeño del Estado se relaciona con cuatro capacidades específicas:

  1. La capacidad Institucional, referida a la habilidad para fijar y hacer efectivas las reglas que gobiernan las interacciones políticas y económicas;
  2. La capacidad técnica, es decir la habilidad para administrar políticas macroeconómicas así como las políticas públicas;
  3. La capacidad administrativa, vinculada a la habilidad para proveer bienes y servicios;
  4. La capacidad Política, es decir la habilidad para dar respuesta y afrontar las demandas de la sociedad

Y luego agrega una última capacidad que es la capacidad Relacional, referida a la habilidad de relacionarse con el conjunto de actores sociales, económicos y políticos.

Si bien en el texto se tratan varias acepciones a la definición de capacidad estatal es pertinente coincidir con la que termina formulando el autor “ La habilidad real y potencial que deben poseer los Estados y sus agencias específicas para articular intereses sectoriales, decidir un rumbo y tomar decisiones de manera autónoma, superando de manera exitosa las restricciones que plantea el entorno institucional; con el fin de alcanzar los objetivos organizacionales y promover el bienestar general”

Al analizar los casos propuestos sobre la creación de una cuasi moneda como los patacones en la Provincia de Buenos Aires  y el programa de precios cuidados por el Estado Nacional veremos en profundidad cómo se desarrollaron estas capacidades y de qué forma se articularon para que se produzca un avance, si es que lo hubo, relevante.

Siguiendo con Completa, la capacidad de gobierno se presenta como una dimensión constitutiva de la capacidad estatal, la cual debe ser reforzada y ampliada mediante la planificación estratégica, puesto en claro esto es posible afirmar que en el caso de la disputa entre el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el Estado Nacional en agosto de 2001 las tensiones entre ellos se exacerba al no encontrar una respuesta a la demanda de fondos y la crisis económica que atravesaba el Estado. El equipo burocrático de gobierno provincial compuesto por aquel entonces por profesionales reunían dos fuentes de formación, la especializada, (en su mayoría economistas) y la política, permitiéndoles moverse justamente entre la política y la técnica; aunque la creación de un recurso no deseado como los patacones permitió dar solución al grave problema de liquidez ocasionado por la convertibilidad. Aunque Repetto sostiene que es necesario la combinación de dos de las capacidades y menciona la capacidad administrativa y la capacidad política, la medida no deja de ser acorde, eficaz y efectiva ya que coincidiendo con completa fue una medida tomada por un Estado Provincial enraizado con el entorno social circundante, dado que como dice Pereyra “el frente más relevante fue el de la calle”; haciendo alusión a los grupos empresarios, a los comerciantes, los productores y los trabajadores que parafraseando las declaraciones del texto, necesitaban agua en medio del desierto. Los patacones fueron aceptados por la sociedad en su conjunto y aunque no se puede negar que la medida trató de dar respuesta a las demandas de la sociedad, ahora bien esta capacidad que tuvo el Estado Provincial y el rédito político positivo que obtuvo inevitablemente nos conduce a la incapacidad que presentó el Estado Nacional, al no poder o no querer dar una respuesta de carácter federal para paliar la grave crisis institucional y económico-financiera que atravesaba, dejando la decisión en mano de cada una de las provincias. 

Por su parte Quiroga da cuenta como veremos a continuación que, las medidas del estado nacional fueron mucho más exitosas dado que se pusieron en juego una gran cantidad de capacidades estatales para motorizar el programa de precios cuidados

En el caso del programa de precios cuidados puede verse con mayor claridad la habilidad real y potencial del Estado para articular los intereses sectoriales ya que como menciona Quiroga fue una forma novedosa de articular los diferentes sectores intervinientes, permitiendo ampliar las capacidades estatales a partir de cuatro mecanismos:

  1. La articulación con las redes informales de monitoreo, control y sanción;
  2. La intervención directa del piso de venta de las principales cadenas comercializadoras;
  3. El incremento en el flujo de intercambio de la información del sector privado y
  4. La transferencia indirecta de recursos del sector privado a la operación del programa en un proceso más amplio de disciplinamiento del empresariado 

Como la capacidad del Estado sólo depende de los factores que se encuentran bajo su control; en este caso el Estado pudo maniobrar y articular según sus requerimientos con varios actores de la sociedad, desde el consumidor que oficiaba de controlador, hasta con los empresarios responsables de las principales cadenas de supermercados,  distribuidores y hasta los productores. El programa Precios cuidados como bien indica el autor del artículo lo que pretendió a diferencia de su homólogo venezolano fue un diálogo permanente en lugar de la confrontación, negociando en los plazos estipulados por el Estado los valores de los incrementos en los productos, así como incorporando productos de manera gradual al programa, incluso haciendo más competitivas las ventas dado que los productos incluidos eran de primera o segunda línea. Esto permitió ampliar considerablemente las capacidades estatales al involucrar al sector privado, las organizaciones sociales, la sociedad civil en su conjunto.

La dimensión cultural como agente condicionante

Es interesante para comenzar definir qué es la cultura, entendida como el conjunto de formas y expresiones que caracterizan en el tiempo a una sociedad determinada. Por el conjunto de formas y expresiones se entiende e incluye a las costumbres, creencias, prácticas comunes, reglas, normas, códigos, vestimenta, religión, rituales y maneras de ser que predominan en el común de la gente que la integra.  No es de extrañar, que las sociedades tratan de imitar las costumbres y la cultura de los países centrales,  abonando la idea de “Monocultivo institucional” que plantea Portes, la cual refiere a la importación de instituciones, al trasplante de formas institucionales, lo cual nos lleva a la una pregunta central para entender la dimensión cultural como condicionante del desempeño y estructura del Estado es siguiendo a Souza Santos ¿Cómo mantener vivo en mí lo mejor de mí y a la vez reconocer lo mejor de la diversidad que de manera autoritaria designa como ignorante, residual, improductivo o hasta inferior a mí? El potencial reside en la capacidad de articulación con otras formas, otros movimientos sociales  y las formas de organización y los objetivos del Estado. La difusión o importación de la cultura entre sociedades corre el riesgo de afectar niveles niveles profundos de la estructura social, con el consecuente resultado negativo de no producir evolución alguna sino todo lo contrario.

El cambio institucional no se da de la misma forma que los cambios de la estructura social y de clase o del sistema de valores, los cambios que aquí ocurren afectan a las instituciones pero no se dan de manera conjunta. Es posible afirmar entonces que existe una relación fantasmal entre teoría y praxis  dada las diversas realidades socio político culturales, no sólo producto de las diferencias de contexto sino más bien por la distancia epistemológica y ontológica.

Es la cultura, desde la esfera de valores, los marcos cognitivos y el conocimiento acumulado la que proporciona los fundamentos simbólicos  para analizar la diferencia entre lo que debe ser o se espera que sea y lo que en realidad es. Estos valores están implícitos en las normas, en las reglas prescriptivas de la sociedad y del Estado. 

Siguiendo a Portes, los individuos entran en el mundo social como ocupantes de un rol, los cuales se definen como el conjunto de comportamientos prescritos para quienes ocupan posiciones sociales particulares. Así como los valores se incorporan en normas, los diferenciales de poder dan lugar a clases sociales: grandes agregados cuya posesión o exclusión de los recursos lleva a diferentes oportunidades de vida y de capacidades para influir en el curso de los acontecimientos.

Las personas que tienen mayor poder de socialización pueden fluctuar con mayor facilidad de un rol a otro, esto dependerá de la posesión en gran medida de los tres tipos de capital  del que habla el sociólogo Pierre Bourdieu, el capital económico, (traducido en dinero) el capital cultural (ya sea incorporado, objetivado o institucionalizado, es decir aquel conocimiento cultural internalizado por el individuo a lo largo de su vida, las posesiones materiales propias de lo cultural, y las titulaciones) y el capital social, (aquel en el que se enmarcan los contactos que un sujeto pueda tener, es decir el entramado de relaciones sociales, que generan o no  beneficios). La sumatoria de todos estos capitales nos dan como resultado el capital simbólico que dota de prestigio a quienes lo poseen. Serán estos quienes (como dice Roland cit en Portes 2006:27) teniendo poder lo usen en su propio beneficio.

Las instituciones están sujetas a las dinámicas sociales,  dado que los roles formales y las jerarquías organizativas prescritas definen el funcionamiento real de las organizaciones. Las políticas públicas no pueden ser entendidas y estudiadas de manera aislada, es necesario enmarcarlas en el tipo de régimen político y de la acción de gobierno que las lleva adelante, esto se debe a que el gobierno es el factor clave que articula los regímenes políticos y las políticas públicas y lo que está en disputa no son solo estas políticas públicas sino un nuevo pacto político que contenga la dimensión del cambio civilizatorio. Para lo cual como dice Souza Santos (2010) es necesario el des-pensamiento político de los instrumentos teórico analíticos que impidieron los cambios, que pueden resumirse en tres conceptos transicionales: desmercantilizar, democratizar y descolonizar. 

La interculturalidad y la descolonización, invitan a dejar el monocultivo institucional, el eurocentrismo negador, convida la apertura del ámbito político a la interculturalidad, para así poder configurarlo desde una visión colectiva, haciéndose cargo de las diferencias a la vez que de las luchas de poder que se dan y darán entre los diferentes actores y sectores de la sociedad. Como camino para lograrlo la alternativa es el desarrollo deliberativo, es decir en términos Amartya Sen favorecer la democracia participativa en lugar de la delegativa.

Por ende las formas de gobernar se degradan como prácticas culturales por el modo de gobierno, este modo de gobernar como práctica cultural, Según Medellin Torres, la cultura política institucional se expresa a través de tres elementos fundamentales:

  • la manera forma de peticionar entre los hablantes del proceso político o institucional;
  • la forma en las que se ordenan las tácticas y estrategias gubernativas;
  • el grado de consenso o represión que se requiere para cumplir con los resultados.

Entonces la dimensión cultural de la sociedad puede condicionar la estructura y desempeño del Estado al menos a través de cinco fuerzas potenciales que llevan a la transformación institucional: 

  1. La dependencia de la trayectoria, produciendo cambios evolutivos en el nivel más visible;
  2. La difusión, que provoca un cambio en los niveles intermedios  de la cultura; 
  3. Los avances científicos y tecnológicos, que repercuten en las habilidades culturales y el orden normativo; 
  4. La profecía carismática, ya sea secular o religiosa, capaz de transformar el sistema de valores y 
  5. Las luchas entre elites de clases que pueden transformar la distribución del poder.

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